firma también fue un malentendido?
Rogelio me lanzó una mirada furiosa.
—No empieces con tus acusaciones.
Beatriz colocó el documento sobre la mesa.
—Hasta que esto se aclare, no autorizaré ningún cambio de proveedor. Mi contrato está con su negocio, señor Rogelio, pero quiero dejar asentado quién realizará el trabajo y cómo se entregará.
Mi marido guardó silencio.
Por primera vez, sus palabras no bastaban para resolverlo todo.
Redactamos un acuerdo complementario.
Dieciséis butacas serían entregadas el viernes. Las dos restantes tendrían una fecha posterior. Quedaron definidos el transporte, los pagos pendientes y la cantidad correspondiente al trabajo de Marta.
Rogelio tuvo que firmar.
Presionó tanto la pluma que rompió una esquina del papel.
Cuando Beatriz se marchó, me miró con desprecio.
—¿Ya estás contenta? Me hiciste quedar como un delincuente.
—Yo no fabriqué ese documento.
—¡Todo esto empezó porque decidiste hacerme quedar mal frente a mi jefe!
Respiré profundamente.






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