—Qué bueno que podemos resolver esto como adultos —anunció—. Teresa se ha dejado llevar por sus emociones.
Beatriz no le prestó atención.
Se acercó a una de las butacas y acarició la madera restaurada.
—Mi padre venía a este teatro cuando era joven —comentó—. Por eso no quise que tiraran estos muebles.
Señaló una pequeña marca sobre el descansabrazos.
—Esta raya la hice yo con un compás cuando era niña. Les pedí que no la quitaran.
—La conservamos —respondí.
Sonrió.
Después revisó las costuras y las uniones de
las patas.
—Este trabajo está muy bien hecho.
Rogelio intervino rápidamente.
—Claro, gracias a que yo conseguí los materiales y organicé todo.
Beatriz abrió su carpeta.
—Señor Rogelio, necesito aclarar algo. ¿Por qué me entregó una autorización firmada por Teresa si ella asegura que nunca la firmó?
El rostro de mi esposo perdió color.
—Fue un malentendido administrativo.
—¿Administrativo? —pregunté—. ¿Copiar mi






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