Mein Mann hat sich vor allen über mich lustig gemacht: “Ich verschenke alles und eine Tüte; kurz gesagt, die Garantie ist bereits abgelaufen.” Sein Chef hob die Hand, und ich sagte nur: “Ja, das tue ich.”

—Para ti empezó cuando dije que me iba. Para mí empezó mucho antes.

No respondió.

Se marchó dando un portazo.

Marta esperó unos segundos antes de hablar.

—¿Estás bien?

Miré las butacas.

—No. Pero todavía sabemos cómo arreglar estas cosas.

Tomé una lija y regresé al trabajo.

Aquella tarde recibí otra llamada.

Era Armando Salcedo.

Me informó que habían retirado el video de los canales internos de la empresa y hablado con quienes lo difundieron.

—No puedo controlar lo que las personas compartan en privado —aclaró—, pero no permitiré que un evento de nuestra compañía se utilice para humillar a alguien.

Le agradecí.

—No quiero que despidan a Rogelio por mí.

—Señora Teresa, las decisiones laborales me corresponden a mí. Usted no tiene que cargar con esa responsabilidad.

Antes de despedirse, añadió:

—El sillón que se subastó aquella noche, ¿usted lo restauró?

“Ja.

“Dein Mann sagte, es sei das Werk

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