Mein Mann hat sich vor allen über mich lustig gemacht: “Ich verschenke alles und eine Tüte; kurz gesagt, die Garantie ist bereits abgelaufen.” Sein Chef hob die Hand, und ich sagte nur: “Ja, das tue ich.”

de entrega.

Aceptó sin discutir.

Su nombre quedó registrado como el de cualquier otro cliente.

Y eso me dio tranquilidad.

A finales de diciembre, Patricia me
llamó.

Quería que restaurara un sillón que había pertenecido a su madre.

—Pero hazme precio de amiga, Teresita. Nos conocemos desde hace años.

Miré el teléfono.

Recordé perfectamente su carcajada durante aquella fiesta.

—Patricia, tú también te reíste cuando Rogelio intentó regalarme.

Hubo silencio.

—Ay, mujer, pensé que era una broma.

—Después compartiste el video donde insinuaban que yo había engañado a mi marido.

—Fue un error. No pensé que te afectaría tanto.

—Pues me afectó.

Suspiró.

—¿Todavía estás enojada?

—Ya no necesito estar enojada para poner límites. Envíame las fotografías y te preparo un presupuesto.

Colgué.

Cuando hice las cuentas, descubrí que había reducido automáticamente a la mitad el costo de mi mano de obra.

Por costumbre.

Por miedo a parecer demasiado exigente.

Comments

Leave a comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Privacy Policy